Unas palabras para empezar CAS/CAT

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Es cierto que el título de este blog es redundante. Todo el mundo aprende y, por lo tanto, ha de saber aprender. Cualquier ser humano dispone de esta capacidad.

Pero el título se refiere a unos aprenendizajes en concreto,  los que se suelen trabajar en el medio escolar y, muy especialmente, al aprendizaje de las materias instrumentales básicas (lenguas y matemáticas) y al proceso de “estudiar“, concebido desde una perspectiva amplia (investigar, explorar, entender, elaborar, asimilar…)  Es cierto que en la escuela actual no solo se “enseña” o “instruye” sino que también se educa al alumnado, pero ahora no me voy a centrar en la educación (proceso largo, complejo y propio tanto del medio familiar como del escolar) sino en la “enseñanza” o en la función “meramente” instructiva de la escuela.

En el diccionario de la RAE, se define “enseñar” del siguiente modo: “Instruir, doctrinar, amaestrar con reglas o preceptos”. De todos modos,  yo no considero que la función instructiva de la escuela consista en “amaestrar” a los alumnos, aunque es evidente que en la escuela se deben establecer límites al comportamiento del alumnado (aspecto que se enmarcaría dentro del bloque general de la “educación”). Según mi punto de vista, la escuela debería actuar a modo de guía, orientando a sus alumnos hacia el saber compartido y dándoles instrumentos para que sean capaces de adquirir o incorporar tales conocimientos. Creo que la función instructiva de la escuela debería consistir en favorecer el desarrollo de las habilidades necesarias para adquirir conocimientos. (Es evidente que los conocimientos no “te los puede adquirir otra persona“: has de ser tú quien los adquiera). Con la palabra “adquirir”, no me refiero a reproducir datos o a saberse las cosas de memoria sino a automatizar algunos procesos básicos y a asimilar conocimientos de una forma comprensiva.

Los porcentajes actuales de fracaso escolar, tanto en España como en Cataluña, son elevadísimos. En torno al 30% de los alumnos de ESO repite curso y una gran cantidad de estos alumnos no tienen bien asimilados los contenidos de las materias instrumentales propios de la enseñanza primaria superior. En lo referente a las matemáticas, bastantes de ellos presentan dificultades en las operaciones aritméticas básicas y algunos no llegan a automatizar las tablas de multiplicar; también hay algunos que no entienden el concepto de incógnita ni el de proporcionalidad, confunden los conceptos de superficie y volumen, se olvidan de incluir las unidades de medida en las soluciones de los problemas matemáticos, no se plantean si el resultado obtenido resulta o no lógico, resuelven muchos de los problemas que les plantean como si reprodujeran un proceso a seguir, sin saberlo elaborar o deducir por sí mismos, y un largo etcétera. En lo referente a las lenguas, también se constata que bastantes alumnos de ESO tienen importantes dificultades para identificar las ideas principales de párrafos y textos, no saben captar la estructura general de un texto ni hacer esquemas o resúmenes, escriben sin apenas utilizar signos de puntuación, tienen importantes lagunas en el vocabulario, leen sin intentar elaborar el significado de lo leído (porque no saben hacer inferencias ni establecer las relaciones necesarias entre el contenido explícito o literal y lo que ellos ya saben), tienen una pésima ortografía, y otro largo etcétera. Además, bastantes alumnos educados en entornos bilingües donde se utilizan dos lenguas que presentan bastantes similitudes (como el castellano y el catalán) presentan interferencias cuando intentan escribir en cada una de estas lenguas.

Es posible que estemos evaluando a los alumnos actuales siguiendo clichés de épocas pasadas, donde todo no estaba tan mediatizado por la imagen ni por la tecnología informática como ahora. En este medio, donde el valor del esfuerzo parece haber perdido el lugar que ocupaba antaño y donde la crisis ofrece un durísimo panorama laboral, cada vez resulta más difícil educar e instruir a niños y a adolescentes. Además, antes el hecho de tener “estudios” y mucho más el de tener una carrera era sinónimo de tener trabajo de por vida, pero ahora hay muchas personas con carrera, e incluso con varios másteres, que llevan años en el paro. Asimismo, bastantes de los “modelos” a que se exponen los niños y los adolecentes de hoy en día no se caracterizan precisamente por su constancia en los estudios ni por su esfuerzo intelectual.

Es cierto que sigue habiendo estudiantes brillantes, a quienes les interesa aprender, formarse e independizarse. Pero, lamentablemente, predominan los estudiantes que solo estudian porque “es lo que toca” y que carecen de esperanzas y proyectos sobre su futuro laboral. Y esta actitud generalizada, que se deriva, en gran parte, del duro panorama que vivimos, repercute de forma inevitable en el rendimiento académico y en el índice de fracaso escolar.

También es fundamental el papel que desempeña la familia, ya que no hemos de olvidar que los alumnos suelen estudiar y hacer los deberes en casa. Un niño a quien no han atribuido responsabilidades en el pasado y que no ha sido educado para la independencia es difícil que pueda asumir muchos de los aprendizajes académicos propios de la enseñanza secundaria. Mucha gente conoce la dinámica del péndulo: de una época donde se fomentaba el esfuerzo, la responsabilidad y la disciplina en niños y adolescentes, hemos pasado a otra sumamente centrada en la población infantil, donde se prioriza la satisfacción de sus necesidades y su libertad de elección. Antes a los padres les interesaba que sus hijos estuvieran bien preparados y que llegaran a adultos siendo responsables e independientes, ya que suponían que eso garantizaría su felicidad (¿tal vez demasiado suponer?). Ahora a los padres les interesa que sus hijos sean felices, los respetan enormemente (a veces demasiado para lograr una sana convivencia familiar) y muchas veces los “malcrían”, confundiendo sus gustos con sus necesidades.  Además, los padres de hoy en día ayudan mucho más a sus hijos en las tareas escolares que los de antes porque, en su bienintencionado intento de allanarles el camino, han dejado de atribuirles muchas de las responsabilidades que deberían asumir. Y son precisamente las responsabilidades las que les permitirían madurar. Los padres de hoy en día cuestionan mucho más al profesorado que los de antes y tienden a ponerse del lado de sus hijos cuando surgen conflictos entre alumnos y docentes, también en su bienintencionado intento de seguir allanándoles el camino. Gran parte del alumnado ha perdido el respeto a los profesores y a la importante labor que desempeñan. Creo que es una verdadera lástima, ya que una población bien formada es lo más deseable para tender hacia una sociedad informada y productiva que tenga la equidad y la justicia como principales objetivos (por difíciles que estos sean de alcanzar).

Los niños y los adolescentes de hoy en día son menos constantes que los de antes, valoran menos el esfuerzo y se niegan a asumir parte de las responsabilidades que deberían asumir. Pero, como ya he comentado, la sociedad en que vivimos y la forma en que han sido educados han contribuido en gran medida a estos rasgos y actitudes.

La falta de motivación y la falta de implicación por parte del alumno son incompatibles con el aprendizaje académico, ya que solo se asimila bien lo que se trabaja (de una u otra forma) y lo que realmente interesa. Y aquello que interesa y, además, se trabaja es lo que perdura.  

Unes paraules per començar

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És veritat que el títol d’aquest blog és redundant. Tothom aprèn i, per tant, ha de saber aprendre. Qualsevol ésser humà disposa d’aquesta capacitat.

Però el títol fa referència a uns aprenentatges concrets, els que se solen treballar a l’escola i, molt especialment, a l’aprenentatge de les matèries instrumentals bàsiques (llengües i matemàtiques) i al procés d’“estudiar”, concebut des d’una perspectiva àmplia (investigar, explorar, entendre, elaborar, assimilar…).  És cert que a les escoles actuals no tan sols “s’ensenya” o “s’instrueix” sinó que també s’educa l’alumnat, però ara no em centraré en l’educació (procés llarg, complex i  propi tant de l’entorn familiar com de l’escolar) sinó en “l’ensenyament” o funció “merament” instructiva de l’escola.

En el diccionari de la Real Academia Española, es defineix “enseñar” de la següent manera: “Instruir, doctrinar, amaestrar con reglas o preceptos”. No obstant,  jo no considero que la funció instructiva de l’escola consisteixi en “ensinistrar” els alumnes, tot i que és evident que a l’escola s’han d’establir uns límits al comportament de l’alumnat (aspecte que s’emmarcaria dintre del bloc general de “l’educació”). Segons el meu punt de vista, l’escola hauria d’actuar  com una guia, orientant els seus alumnes cap al saber compartit i donant-los instruments per a que siguin capaços d’adquirir o d’incorporar aquests coneixements. Crec que la funció instructiva de l’escola hauria de consistir a afavorir el desenvolupament de les habilitats necessàries per adquirir coneixements. (És evident que els coneixements no “te’ls pot adquirir una altra persona”: has de ser tu qui els adquireixi). Amb la paraula “adquirir”, no em refereixo a reproduir dades o a saber coses de memòria, sinó a automatitzar alguns processos bàsics i a assimilar coneixements d’una forma comprensiva.

Els percentatges actuals de fracàs escolar, tant a Espanya com a Catalunya, són elevadíssims. Al voltant del 30% dels alumnes d’ESO repeteix curs i una gran quantitat d’aquests alumnes no tenen ben assimilats els continguts de les matèries instrumentals propis de l’ensenyament primari superior. Pel que fa a les matemàtiques, bastants d’ells presenten dificultats en les operacions aritmètiques  bàsiques i alguns no arriben a automatitzar les taules de multiplicar; també n’hi ha alguns que no entenen el concepte d’incògnita ni el de proporcionalitat, confonen els conceptes de superfície i volum, s’obliden d’incloure les unitats de mesura en les solucions del problemes matemàtics, no es plantegen si el resultat obtingut resulta o no lògic, resolen molts problemes com si estiguessin reproduint un procés a seguir sense saber-lo elaborar o deduir per si mateixos, i un llarg etcètera. Pel que fa les llengües, també es constata que bastants alumnes d’ESO tenen importants dificultades per identificar les idees principals de paràgrafs i textos, no saben captar l’estructura general d’un text, ni fer esquemes o resums, escriuen gairebé sense utilitzar signes de puntuació, tenen “buits” importants  en el vocabulari, llegeixen sense intentar elaborar el significat del text llegit (perquè no saben fer inferències ni establir les relacions necessàries entre el contingut explícit o literal i el que ells ja saben), tenen una pèssima ortografia, i altre llarg etcètera. A més a més, bastants alumnes educats en entorns bilingües, on s’utilitzen dues llengües que presenten bastants semblances (como ara el castellà i el català) presenten interferències quan escriuen en cada una d’aquestes llengües.

Es possible que estiguem avaluant els alumnes actuals seguint clixés del passat, on tot no estava tan mediatitzat per la imatge ni la tecnologia informàtica como ara. En aquest medi, on el valor de l’esforç sembla haver perdut el lloc que ocupava abans i on la crisi ofereix un duríssim panorama laboral, cada vegada resulta més difícil educar i instruir nens i adolescents. A més a més, abans el fet de tenir “estudis” i molt més el de tenir una carrera era sinònim de tenir feina de per vida, però ara hi ha molta gent amb carrera, fins i tot amb diversos màsters, que porta anys a l’atur. De la mateixa manera, bastants dels “models” als quals s’exposen el nens i els adolescents actuals no es caracteritzen precisament per la seva constància en els estudis ni pel seu esforç intel·lectual.

És veritat que segueixen havent-hi estudiants brillants, als quals el interessa aprendre, formar-se i independitzar-se. Però, lamentablement, predominen els estudiants que només estudien perquè “és el que toca” i que no tenen esperances ni projectes sobre el seu futur laboral. I aquesta actitud generalitzada, que es deriva, en gran part, del dur panorama que vivim, repercuteix de forma inevitable en el rendiment acadèmic i en l’índex de fracàs escolar.

També es fonamental el paper que desenvolupa la família, atès que no hem d’oblidar que els alumnes solen estudiar i fer els deures a casa seva. Un nen a qui no han atribuït responsabilitats en el passat i que no ha sigut educat per a la independència és difícil que pugui assumir molts dels aprenentatges acadèmics propis de l’ensenyament secundari. Molta gent coneix la dinàmica del pèndol: d’una època on es fomentava l’esforç, la responsabilitat i la disciplina en nens i adolescents, hem passa a una altra summament centrada en la població infantil, on es prioritza la satisfacció de les seves necessitats i la seva llibertat d’elecció. Abans als pares els interessava que els seus fills estiguessin ben preparats i que arribessin a adults essent responsables i independents, atès que se suposava que això garantiria la seva felicitat (pot ser massa suposar?). Ara als pares els interessa que els seus fills siguin feliços, els respecten enormement (de vegades massa per aconseguir una sana convivència familiar), moltes vegades els “malcrien”, confonent el seus gustos amb les seves necessitats. A més a més, el pares actuals ajuden molt més els seus fills en les tasques escolars que els pares d’abans perquè, en el seu benintencionat intent de facilitar-los el camí, han deixat d’atribuir-los moltes de les responsabilitats que els pertoquen. I són precisament les responsabilitats les que els permetrien madurar. El pares d’avui qüestionen molt més el professorat que els d’abans i tendeixen a posar-se de part dels seus fills quan sorgeixen conflictes entre alumnes i docents, també en el seu benintencionat intent de seguir facilitant-los el camí. Gran part de l’alumnat ha perdut el respecte pels  professors i per la important labor que exerceixen. Crec que és una veritable llàstima, ja que una població ben formada és el més desitjable per aconseguir una societat informada i productiva que tingui l’equitat i la justícia com principals objectius (per difícils que aquests siguin d’assolir).

Els nens i els adolescents d’avui són molt més inconstants que els d’abans, valoren molt menys l’esforç i es neguen a assumir gran part de les responsabilitats que els pertoquen. Però, como ja he comentat, la societat on vivim i la forma amb la qual han estat educats han contribuït en gran mesura a fomentar aquests trets i actituds.

La manca de motivació i la manca d’implicació per part de l’alumne són incompatibles amb l’aprenentatge acadèmic, ja que només s’assimila bé el que es treballa (d’una o d’altra manera) i el que realment interessa. I el que interessa i, a més, es treballa, és el que perdura.  

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